miércoles, 22 de julio de 2009

Las otras Diosas


Las mujeres han sido y serán siempre una fuente poderosa de inspiración para nosotros los hombres. Quien niegue esto, será porque nunca han podido disfrutar de tener al lado una mujer que albergue sus pesares y sus júbilos, y han sucumbido a la soledad obligatoria de autoflagelarse de no tener suerte en el amor. Y sería demasiado que, nosotros los hombres viriles, pasemos de lado y no podamos beber de esa fuente corrosiva llamada mujer. Pero como todo tiene su lado disparejo, algunas mujeres infunden una delicia para probarlas; y otras solamente provocan una repulsión.
Existe una muchacha -o quizá varias- , que viven expuestas al quedirán, y su única forma de hacerse notar en su espacio en que les rodea es andar lindas. A veces se compran trapitos baratísimos de remates, zapatitos de una vida, tintes de medio pelo, perfumes baratos, cosméticos de pintor de brocha gorda, bolsones de fantasía y, lo mas importante deber andar regias. Las calles, por las noches, se convierten en una pasarela de baratijas. Ellas caminan recto sin ver a nadie, la mirada sobre las cabezas de las personas, aromatizando las calles con el litro de colonia de catálogo que se ponen por todo el cuerpo, un sutil meneo de caderas para demostrar que hay carnecita que mostrar, el bolsón enfundado de cosméticos y su obligado espejillo, el toc toc de los tacos que deben pisar fuerte al caminar y siempre demostrar que son delicadísimas, suaves algodoncillos de caramelo.
Existen otras muchachas -y muchas, estoy seguro de eso-, que andan despreocupadas, apuradísimas, desorbitadas sin interés a lo que nosotros podamos mirar. Ellas no hacen un desfile de modas de las calles. Andan diligentes con mochilas al hombro, zapatillas de incursión de caminante, blusas descoloridas, caras lavadas que muestran livideces mortuorias, peinados de colas de caballos, caminan descuidadas sin mover caderas ni hacen morisquetas, con antojitos de abuelita y un aire de estudiantes aplicadas.
Pueden existir chicas lindas pero no tan fachosas, chicas descuidadas pero presuntuosas. Ahí todo en la viña del señor, como diría un amigo, que ya de antemano discrepa con esta nota.
Las chicas: flaquitas y gorditas, altas y bajas, bonitas y feítas, carnosas y ahuesadas; y todo lo que exista en este mundo grávido será bien aceptado por nosotros los hombres. Por eso, y por todo: ¡qué vivan! Pues por todas esas cosas las queremos más.

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